El problema de tener cosas es que se descomponen. Se rompen. Nos dejan a pata. Nos dejan sin agua, sin luz, sin gas. Se quiebran. Se parten. Se agujerean. Las cosas nos dan muchas soluciones a muchos problemas, hasta que deciden abandonar este mundo. Cuando una cosa se rompe quedan dos caminos; se la puede arreglar (aunque se corre el riesgo de que no quede igual) o se puede simplemente desechar y reemplazar por otra cosa nueva. Si se opta por la primera opción es muy probable que se necesite de otra persona que nos ayude a reparar el artefacto, o que nos preste otro similar para salir del paso, o que nos recomiende a un especialista. Somos lo que tenemos. Porque, nos guste o no, es un mundo regido por cosas materiales. Nuestros días están llenos de cosas, de objetos, de productos. Compramos cosas que sabemos que van a pasar de moda, que sabemos se van a acabar, que nos van a aburrir, que nos van a hacer felices hoy, pero mañana ya no tanto. Nuestra relación con las cosas es un tanto enferma, pero inevitable a la vez; trabajamos para comprar cosas. Cosas que nos hacen disfrutar pero también cosas que nos permitan trabajar más y mejor, y así poder tener más cosas. Nos sentimos mal si existe alguna cosa que nos gustaría tener y no podemos. Nuestras vidas dependen y se conforman de cosas. El hombre moderno vive de la creación, la producción, la venta y la compra de cosas. Y los valores que rigen ese mundo loco de las cosillas son la innovación, el diseño, la practicidad y la originalidad. El riesgo de estos días está en que no se nos olvide que podremos estar rodeados de cosas, pero los seres humanos, son humanos, no cosas ni mercancías. Todo es tan reemplazable, todo tiene que ser tan útil y práctico y genial. Todo se vuelve obsoleto tan rápido. Tal vez los objetos tengan una vida útil. Pero los seres humanos, ¿tenemos una vida que puede ser catalogada como útil o no útil? ¿Según qué criterios? Tal vez deberíamos dejar de pretender que somos máquinas proactivas, que siempre están felices, de buen humor y que el cliente siempre tiene la razón. No sé, me parece. Una cosa es una cosa y otra cosa es un humano.
2.3.10
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